Esto ya tendría que estar superado

13 Feb 2017 | Miscelánea

Cuántas veces, en consulta, he oído esta afirmación. Y qué respondo yo: pues que es cierto, que ya es hora de pasar página. Que no puede doler después de un mes, después de seis meses, después de un año, después de cinco años, después de diez años… ¡Eso ya debería estar superado! Ha caducado. Porque el tiempo todo lo cura, y además hay que tener una actitud positiva. Hay que ver el vaso medio lleno. Si te quedas en el dolor es porque quieres, porque te gusta la actitud de víctima.

¿Qué os parece?

Definitivamente, knocked out. Si uno quiere añadir dolor al dolor, no hay más que tirar de estas frases simples y sencillas para que la persona que sufre sienta, además, todo el peso de la culpa.

Retomemos. Cuando alguien me plantea que su dolor debe ya estar superado, me pregunto, cuántas veces el entorno, con mejor intención o menor atención le habrá enviado este mensaje. Pero la verdad es que el tiempo no todo lo cura y mantener la mente positiva no siempre es posible. La reparación no es un proceso que se da sin más.

La reparación requiere tiempo, pero además de tiempo, comprensión. Requiere muchas veces de la mirada de un ‘otro’ compasivo, de un ‘otro’ que me abrace y me sostenga. De un ‘otro’ cuidador.

Vivimos en una sociedad individualista, que nos pide que no seamos frágiles y que no seamos demandantes. Que no seamos dependientes. Que seamos autosuficientes y a ser posibles indestructibles. Y que si estamos derrumbados, tengamos la decencia o bien de aislarnos, o bien de no mostrarlo en público.

Juzgamos al doliente

Es molesto. Es irritante. Es peligroso. Habrá que medicarlo, sedarlo, atontarlo, drogarlo y repudiarlo.

La verdad más verdadera es que el dolor no entiende de coordenadas espacio temporales. Puedo seguir sintiendo dolor por el abandono de mi pareja, el abuso de mis compañeros de la infancia. Dolor por el recuerdo del silencio en casa. Dolor por las risas en la clase de gimnasia. Puedo seguir sintiendo dolor por el aborto que sufrí a las 10 semanas. Dolor por las diferencias de trato que hicieron mis padres con mis hermanos. Puedo sentir tanto dolor todavía… y sentirme a la vez tan incómodo, porque no debería sentir esto ya…

Admiro a aquellos que pueden ver el vaso medio lleno, a aquellos resilientes, que cual Ave Fénix han renacido de las cenizas.

Respeto profundamente a aquellos que ven el vaso medio vacío. Y se levantan cada día, o se quedan en la cama. Vivir con dolor no es una elección. Es una circunstancia. No culpemos al doliente. El dolor mantenido y crónico de uno solo, es un fracaso de todos. Podemos seguir culpando y justificarnos incluso: no pidió ayuda. La mayor dificultad es ofrecerla.

El reto de nuestra sociedad es ser un sostén para los que sufren.